Liliana Fernández y Elsa Baquerizo acaban de sacar billete para Tokio-2020, sus terceros JJ.OO.: irán a por una medalla.

Liliana Fernández y Elsa Baquerizo son pareja deportiva desde finales de 2007, con un paréntesis por el embarazo y la maternidad de Lili en 2017, y han representado el voley-playa español con éxito desde sus inicios a dúo en categoría Sub-21.

Nacida en Benidorm de madre croata y nacida en Nueva York y criada en Las Rozas, respectivamente, Liliana y Elsa han sido 6 veces campeonas nacionales, conquistado una plata (2013) y dos bronces europeos (2012 y 2019). Además, fueron el primer tándem femenino de su deporte en defender a España en unos Juegos Olímpicos, en los que han saldado sus participaciones de Londres-2012 y Río-2016 con sendos novenos puestos, el segundo con sabor amargo ya que por juego merecían mucho más.

Ahora Lili y Elsa, traicionadas en 2016 por “los nervios”, acaban de sellar su billete para los que serán sus terceros JJ.OO., los de Tokio-2020, gracias a su triunfo, con épica remontada incluida, sobre las alemanas Sandra Ittlinger y Chantel Laboureur (18-21, 21-17, 15-10) en las ‘semis’ del Preolímpico de Haiyang (China).

Arropada por Federación y CSD, mamá Lili y su pareja deportiva desde 2007, con paréntesis en 2017, ambiciosas como nunca.

El notición llega solo semanas después de ese bronce en el Europeo de Moscú de agosto y ambas gestas sirven para 1. enterrar el recuerdo de un 2018 marcado por las lesiones de una y otra y en el que tuvieron que empezar de cero con la reincorporación de Liliana como mamá de Saúl y 2. dinamitar el ‘estigma’ de ser eternas cuartofinalistas en la temporada en curso.

Su bronce en el Europeo de agosto y su gesta en China llegan tras lesiones y el ‘estigma’ de ser eternas cuartofinalistas.

Ambas tienen actualmente 32 años y un talismán de la buena suerte en el hijo de Lili, quien no dejó de entrenar cuando estuvo encinta (siguió hasta los 8 meses de embarazo) y quien retomó los entrenamientos a los dos meses de dar a luz. Como explicó en Las Provincias en enero de 2018, al contrario que otras deportistas de elite ella contó con el apoyo no solo de su familia sino también oficial:

– “Mi situación es un poco privilegiada, porque yo no dependo de nadie. La Federación nos apoya, el CSD nos da una beca y luego tenemos nuestros patrocinadores, pero yo no tengo un contrato que me impida quedarme embarazada”.

– “Soy yo la que busca esos patrocinadores. Mi relación es directa con ellos. Cuando me quedé embarazada, me reuní con la Federación, el CSD y mis patrocinadores y recibí muchísimo apoyo. Todos mis patrocinadores mantuvieron su apoyo a pesar de no haber competido en 2017”.

– “Por la parte del CSD, hay una normativa por la que me mantienen la ayuda a la deportista embarazada. Lo que sí me sorprendió es que mucha gente pensaba que me iba a retirar. Simplemente quiero ser madre y voy a continuar con mi trabajo, porque éste es mi trabajo” [Liliana llegó a dejar leche materna en casa cuando regresó al voley-playa para cuando no pudiera amamantar a Saúl].

– “Yo necesitaba seguir entrenando y seguir haciendo acciones con los patrocinadores, porque es el acuerdo al que llegué. Los médicos de la Seguridad Social no están acostumbrados a tratar con deportistas de alto nivel y la mayoría me metió mucho miedo en el cuerpo, diciéndome que podía abortar y que podía ser muy peligroso”.

– “Entonces me busqué médicos privados que pudieran entender un poco más mi situación. Y me tranquilizaron. Di con un ginecólogo que me dijo que mi cuerpo está acostumbrado y que lo que no debía hacer es sobreesfuerzos ni quedarme sin aire. Podía entrenar sin problema”.

¿El objetivo de cara a Tokio-2020 tras este 2019 tan notable, con Liliana pletórica como deportista mamá y Elsa más motivada que nunca?

“Una medalla”, es la respuesta de ambas mitades de este gran binomio.

FOTO: CAPTURA @VP_Lili_Elsa

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