Lleva años aguantando ese dolor, incluso en partidos, y ahora agravado por el confinamiento.

Redacción thechampionsvoice.com

La migraña. Y el estudio de la Biblia en busca de la clave para poner fin al racismo sistemático contra las personas negras no solo en Estados Unidos.

Serena Williams, segunda en una Lista Forbes de deportistas femeninas con más ingresos en 2020 en la que Garbiñe Muguruza es sexta, ha hecho dos revelaciones con ocasión de su regreso a las pistas en el torneo de Lexington (USA), donde cayó en cuartos ante su paisana USA Shelby Rogers, número 95 WTA, 1-6, 6-4, 7-6 (5).

Serena, de 38 años y por su parte nº 9 del mundo, explicó en la previa del Top Seed Open que lleva desde los 20 años con fuertes y recurrentes ataques de migraña, posiblemente el peor enemigo con el que se ha topado la ganadora de 23 torneos del Grand Slam, siempre emprendedora y una de las mejores tenistas de la historia.

Pero ha derrotado a su peor enemigo, y recuperado la pasión de cara a un US Open “salvaje”.

Ese “dolor pulsátil y debilitador” que martiriza a quien lo sufre ha estado presente en “tantos” partidos, como uno perdido ante Martina Hingis en Sídney en 2001; en entrenamientos y en ruedas de prensa, como destacó en entrevista con la revista People.

“La migraña no es una lesión de rodilla, es algo que deja señales físicas visibles. No le podía a mi padre (Richard, su coach hasta 2012) ‘oh, papá, tengo migraña, voy a parar’. La gente está en plan ‘no veo hinchazón, ni morado.Aguántate”, relató.

Y Serena simplemente se aguantó y aguantó, hasta que esos ataques de migraña se presentaron a diario durante el confinamiento en casa con su marido Alexis Ohanian e hija Olympia por la pandemia de COVID-19.

“Resultó muy estresante, me vi confrontado con factores desconocidos. Fue muy intenso estar con Olympia (2 años) todo el día. Creo que todo ello contribuyó a que la migraña se agravara”, agregó.


Fue a ver al médico y ahora es embajadora de marca del producto que el especialista le rectó: funcionó tan bien con ella que recuperó su pasión y decidió apuntarse al US Open pese a su miedo al nuevo coronavirus por una embolia pulmonar sufrida en 2011.

Testigo de Jehová, busca la llave para poner fin a 400 años de racismo contra personas negras.

“Siempre he jugado con las gradas llenas. Veremos qué tal me va a puerta cerrada. Lo enfoco como una experiencia diferente y salvaje”.

En cuanto a la Biblia, la ex número 1 destacó, en conferencia de prensa virtual y ya tras su debut en Lexington, que durante la cuarentena doméstica “la he estudiado a fondo” muchos días, convencida de que tiene la llave para lograr la justicia racial.

Testigo de Jehová, como su hermana mayor Venus, y volcada con la causa #BlackLivesMatter, Serena señaló que “siento que lo más importante es creer en el Reino de Dios. Y personalmente creo que esperar un cambio después de, bueno, más de 400 años tratando a las personas negras de una manera determinada y que en todo ese tiempo no se haya producido… siento que llevará mucho tiempo. Creo que al final lo único que puede arreglarlo es lo que yo creo”.

FOTO: CAPTURA @serenawilliams / @nike