La brasileña, de 27 años, dijo basta en 2018 tras la enésima humillación y ahora trabaja en una obra en USA.

Julia Vasconcelos tiene actualmente 27 años ya ha pasado de representar a Brasil en los Juegos Olímpicos de Río-2016 y en el Mundial de taekwondo de Corea del Sur de 2017 a trabajar en una obra en Nueva Jersey (Estados Unidos).

Como explica el portal brasileño UOL, que se ha hecho eco de su historia, Julia decidió poner fin a su carrera deportiva, con 4 años en el equipo nacional incluidos, en 2018, harta de “los abusos psicológicos” de su entrenador, de la corrupción de algunos responsables federativos y de su club, el Sao José dos Campos, y de la falta de apoyo cuando sufrió reiterados episodios de bulimia y cayó en dos depresiones, la segunda tras una importante operación en la mano.

Falta de apoyo y pautas, hizo barbaridades para mantener el peso y también fue víctima de corrupción.

Como ha revelado la deportista, fue objeto de “asedio moral” desde sus inicios en el taekwondo, disciplina a la que llegó con 6 años, instada por su padre, que falleció cuando ella tenía once, dejando un importante vacío en su vida.

Aunque Julia Vasconcelos siempre ha contado con el respaldo de su madre, metida en política, y del resto de su familia, vivió un infierno por culpa del peso que debía dar en la báscula. O mejor dicho, por las humillaciones y la nula existencia de pautas de nutrición.

Siempre según su relato, durante la adolescencia el técnico la llamaba “gorda” y discutía su valía, causándole un trauma con el tema y el citado desorden de alimentación.

Explica en UOL que tomaba 3 saunas al día o baños en agua ‘hirviendo’; y en Río-2016 no bebió nada en 20 horas.

Julia combatía el hambre con atracos de chocolate o galletas, que luego vomitaba. O salía de noche para “ir a ver pizzas” en un supermercado. O no bebía nada en 20 horas, como en Río-2016. O, cuando se acercaba una competición, trataba de ajustar su pese ingiriendo solo 600 calorías en forma de “una clara de huevo y algo de pollo desmigado”. O “hacía tres sesiones de sauna diarias”, o “me metía en la bañera con agua ‘hirviendo’”, casi quemándose la piel como precio por bajar dos kilos.

Julia, que tiene una estatura de 1,75 m., apostó por una autogestión peligrosa para su cuerpo y para su mente; pero había que ‘marcar’ 57 kgs. para poder combatir en su categoría de peso (-58 kilos).

Tras la intervención quirúrgica citada, en la que el colocaron “cinco tornillos en la mano”, cayó en un pozo profundo: cuando regresó a los entrenamientos, se reían de ella porque había engordado. Lo peor fue cuando se cruzó con su entrenador, que en vez de interesarse por su estado solo se cebó con su peso. “Entrenar era lo que más me gustaba en el mundo, pero perdí toda la ilusión”, lamenta.

 

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Feliz dia internacional do TAEKWONDO!

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También se atiborraba de chocolate y galletas para luego vomitarlo o iba al super de noche para “mirar pizzas”.

Aquello fue el fin: Julia dijo basta y aceptó la propuesta de un amigo de buscarse la vida en USA. Allí trabaja 15 horas al día, de paleta (“no me avergüenzo de ello”) y como profesora de taekwondo. “Estoy muy cansada, pero soy feliz”, asegura en UOL.

“Dentro de cuatro años quiero volver a Brasil, echo de menos a mis seres queridos”, a los que plantó en 2018. El deporte de alta competición y su novia de entonces ya son pasado para Julia Vasconcelos, que ha recobrado el ánimo y que ahora come a gusto.

En cuanto a la corrupción de la que ella y sus compañeros fueron objeto, está siendo investigada. Queda, sin embargo, el recuerdo de que “se quedaban la mitad de mi dinero alegando que era para ayudar a otras deportistas, necesitadas. Sabíamos que no era así, pero no podíamos decir nada porque te dejaban fuera de los campeonatos”.


En definitiva, la historia de Julia ilustra la necesidad de apoyo de los y las jóvenes deportistas para evitar que puedan cometer barbaridades como ella, víctima de duras presiones y crueles exigencias sin tutelaje alguno por parte de entrenadores y organismos.

FOTO: CAPTURAS @juliatkd

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