Hizo historia en Río-2016 con 16 años, compartiendo podio con Simone Biles y Aly Raishman.

Redacción thechampionsvoice.com

Amy Tinkler, bronce olímpico en suelo en Río-2016 y bronce mundialista en Glasgow-2015 por equipos, anunció su retirada de la gimnasia en enero pasado, supuestamente por las secuelas de una lesión de tobillo sufrida en 2018 y que impidió que pudiera competir en 2019.

En julio reveló la causa real de su adiós con 20 años: el “abuso psicológico” sufrido por parte del entrenador nacional Colin Still y relacionado con su físico y con su peso, con el agravante de que la British Gymnastics no investigó sus reiteradas denuncias ni, en primera instancia, las de otras compañeras, asimismo de élite.

Amy, que con 16 años se convirtió en la segunda gimnasta británica en conquistar una medalla olímpica, fue objeto de esas vejaciones después de su éxito en Brasil, donde compartió podio con Simone Biles y Aly Raisman, ambas víctimas de abusos sexuales por parte del ex médico de la US Gymnastics Larry Nassar.

Siempre según Tinkler, que mide 1,52 m de estatura, Still tenía fama de emplear métodos humillantes con las gimnastas, aunque nunca pensó que ella misma sería una de las víctimas.

En 2017, al parecer por un error, le pusieron en copia de un intercambio de e-mails entre Colin Still y la nutricionista del equipo:  Amy ha hecho público ahora a través de The Guardian para presionar a la Federación y obligarla a tomar cartas en el asunto.

“Tinkler ya parece un poco pasada de peso”, escribía Still.  Y cuando la médica le contestó diciendo que no era así, sino que él estaba interpretando de manera errónea los datos y porcentajes, su respuesta fue la siguiente: “Bueno, me das una gran noticia entonces. Podré irme a esquiar tranquilo sabiendo que Amy no se está convirtiendo en una enana gorda”.

Rota por dentro, se retiró sin decir el motivo real: lo hace ahora para poner fin a los abusos.

Amy quedó petrificada al leer lo de “enana gorda”; empezó a sufrir episodios de ansiedad y desórdenes alimentarios, se obsesionó con que pudiera estar gorda.


No conciliaba el sueño, no le entraba ni la fruta, perdió la pasión y la ilusión por hacer historia a lo grande en los Juegos Olímpicos de Tokio.

Rota por dentro, al final tiró la toalla tras un año en blanco más por el desasosiego mental que por el tobillo.

“Por favor, sepan que odio hacer público esto, es injusto para mí y para la gente de la que voy a hablar, pero ya no me quedaba otra opción. Quienes llevan las riendas de la gimnasia británica no han mostrado empatía, así que es hora de que su comportamiento salga a la luz pública”, destaca Amy, aludiendo a su propio caso, aportando los correos electrónicos como prueba de sus acusaciones, y a las denuncias de otras gimnastas británicas.

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