Llegó a ser la número 5 del mundo, pero tras ese incidente en 2007 todo fue de mal en peor.

Redacción thechampionsvoice.com

Anna Chakvetadze llegó a ser la número 5 del tenis femenino mundial, en septiembre de un 2007 sin embargo fatídico por causas extradeportivas: un robo armado sufrido meses después en casa de sus padres contribuyó a truncar una carrera prometedora y a la retirada de la jugadora rusa con apenas 26 años, en 2013, rota física y mentalmente.

Hija de padre georgiano (Dzhambuli), ganó 8 torneos WTA y la antigua Fed Cup y fue semifinalista del US Open y de las Finales WTA de 2007 antes de esa experiencia traumática: pensó que moriría en el asalto.

De adolescente Anna había sido víctima de un acosador, pero superó ese episodio: un compatriota de su papá comenzó a mandarle mensajes de móvil y de correo electrónico y la seguía a sus torneos, llegando incluso a desplazarse a uno en Estambul.

Anna (33) plantó cara y pudo pasar página, brillando en la pista hasta las horas más negras de su vida, que ha recordado ahora en el podcast brasileñoA voz do tenis’:

La deportista había sido víctima de un acosador siendo adolescente, pero superó ese episodio.

“Realmente pensé que la noche de ese 17 de diciembre sería la última de mi vida. Yo tenía 20 años cuando todo aquello pasó. Pensé lo triste que sería morir tan joven.

Acabé la temporada como número 6 en el ranking WTA de 2007. Fue un año mágico. Un mes antes había alcanzado las ‘semis’ de mis primeras Finales WTA, desde el grupo en el que también estaban Serena Williams, Justine Henin y Jelena Jankovic.

Mi casa no está en el centro de Moscú, está un poco en las afueras. Mi madre y mi hermano pequeño estaban ahí, y esa tarde yo había vuelto con mi padre de Bélgica, donde disputé un partido de exhibición contra Henin, la número 1 del mundo.

Estábamos exhaustos y nos fuimos directamente a dormir. A las tres de la madrugada me desperté de repente. Había cinco tipos enormes en mi casa. Estaba en la cama y no acababa de entender qué estaba pasando. Llevaban máscaras, ropa oscura y parecían enormes.

Escuché un grito procedente de otra habitación. Era mi padre. Me entró el pánico. Para ser sincera, pensé que serían los últimos momentos de mi vida, parecía que todo acabaría.

La noche del 17 al 18 de diciembre un coche frenó en seco en la calle del Abedul. Uno de los hombres que iban dentro saltó la valla y abrió la verja. El grupo entró por ahí, donde vivía la criada.

Teníamos una casa grande y un garaje adosado. Puedes acceder a la casa por ahí. No derribaron la puerta, sino que accedieron a la pequeña casa de huéspedes saltando por encima de la valla y obligaron al ama de llaves para que accionara el mando del garaje para poder entrar en casa.

La verdad es que no sabemos si la criada incluso estaba involucrada.

Y yo no sabía que uno de los hombres había pegado a mi padre en la cabeza con un arma. Ellos iban fuertemente armados, con pistolas y cuchillos.

 

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Todo daba mucho miedo. Sabían quién era yo, que acababa de ganar un Rolex en la exhibición jugada la víspera. No fue un robo aleatorio, debían haberlo planeado todo a conciencia.

Por instinto traté de huir de mi habitación, pero dos hombres muy fuertes me maniataron con una cuerda.

Ataron mis muñecas con tanta fuerza y después no me sentía las manos durante días. Los asaltantes nos amenazaron a punta de cuchillo y golpearon a mis padres para que vaciaran la caja fuerte.

Cinco enmascarados con pistolas y cuchillos asaltaron su casa de noche: “No fue aleatorio”.

De repente uno de ellos, que estaba en la casa de huéspedes con el ama de llaves, metió prisas a los demás.

No pude verlos a todos, pero les escuché desde mi habitación. Se llevaron cuanto pudieron. Encontraron muchas cosas antes de salir por piernas.

Fue muy estresante para todos nosotros. Mi padre resultó herido. Le habían roto el hombro y tuvo que ser operado. Por suerte, mi hermano estaba durmiendo en otra habitación y le despertaron.

Mis padres aún viven en esa casa. A mí no me gusta. Tras el incidente comencé a sentirme insegura en Moscú, mi ciudad.

Mis padres quieren que ahora mi hija Kira se quede a dormir con ellos, pero me opongo. La niña se queda tres o cuatro horas, no más.

Aún recuerdo vívidamente esa noche.

Yo era una ‘top 10’, estaba jugando el mejor tenis de mi vida cuando todo se desmoronó. Creo que ese robo tuvo un gran impacto en mi carrera. Fue sin duda el día más duro de mi vida.

Antes de que pasara todo, pensé que 2008 solo podía ser mejor que 2007. Sin embargo, mi carrera acabó yendo a peor, aunque estoy agradecida de que aún pudiera jugar unos años: pensé que esa noche sería la última de mi vida.

Me preguntaba muchas veces ‘¿por qué me ha pasado a mí?”.  Hay cosas que no puedes controlar.

Han pasado 13 años ya y no sabemos si la gente a la que detuvieron eran los que realmente estuvieron en mi casa.

Gente así debería estar en la cárcel. Estaban enmascarados. La policía dijo que pilló al grupo, que eran de diferentes nacionalidades… sospechamos que alguien les ayudó desde dentro porque justo en aquella época estábamos cambiando el techo del garaje.

Le ataron las muñecas tan fuerte que no se sentía las manos: ella pensó que moriría ese día.

No tuve mucho tiempo para asimilarlo todo, porque el Open de Australia estaba a la vuelta de la esquina. Yo no sentía mi mano y mi brazo derechos, fui de un médico a otro.

Comencé el 2008 con mal pie. Y en los torneos me preguntaban una y otra vez por el suceso; entiendo que es el trabajo de los periodistas, pero para mí fue recordar constantemente cosas que quería olvidar.

Tampoco 2009 y 2020 fueron boyantes y en 2011, en Dubai contra Caroline Wozniacki, noté que el corazón se me aceleraba, sentí un dolor punzante en la cabeza y me desmoroné. Me retiré del partido.

La historia se repitió en Indian Wells y en Stuttgart, por posibles infecciones de oído o de estómago, según los médicos.

Y más tarde se sumaron unos fuertes dolores en la espalda. Los médicos me dijeron que necesitaba una intervención quirúrgica en cuello y la zona lumbar para poner fin al intenso dolor, que necesitaba unos implantes en mi espina dorsal siguiera jugando o no.

Tras la operación empecé a trabajar como comentarista (para Eurosport), me casé y ahora tengo una hija de dos años. Vivo en Ucrania y tengo muchos proyectos, entre ellos una academia de tenis para niño”.

FOTO: CAPTURA @acha87