La australiana se lleva un récord de 3,96 millones de euros por ganar las WTA Finals e invierte gran parte en la RSPCA.

La australiana Ashleigh Barty se ha llevado este domingo el mayor premio de la historia del tenis, embolsándose el equivalente a 3,96 millones de euros por su triunfo en las WTA Finals de Shenzhen (China) tras saldar la fase de grupos con 2 victorias y una derrota, superar a Karolina Pliskova en ‘semis’ y derrotar a la vigente campeona Elina Svitolina en el duelo decisivo por 6-4, 6-3 en una hora y 27 minutos.

Cabe recordar que el certamen con el que se pone el punto final a la temporada femenina estaba dotado en esta ocasión con 14 millones de dólares USA (unos 12,6 millones de euros), récord histórico para un torneo profesionalmasculino o de mujeres.

Y cabe hacer hincapié en que Barty, de 23 años, completa así un 2019 de ensueño, ingresando un total de 11,31 millones $ (unos 10,13 millones €) en premios y ganando 4 torneos, entre ellos Roland Garros. Sus otros dos triunfos se produjeron en Miami y Birmingham, y por lo que respecta al resto de torneos del Grand Slam, fue cuartofinalista en el Open de Australia y alcanzó la cuarta ronda en Wimbledon y en el US Open.

Acaba 2019 como nº 1 y con varias plusmarcas, pero su prioridad es “devolver algo” a quienes hacen tanto por la fauna.

Ash acabará el año como la número 1 del mundo y con unos registros que le auguran un extraordinario porvenir:

– es la primera nº1 WTA que gana el torneo de ‘maestras’ ocupando esa plaza desde Serena Williams en 2015
– es la primera ‘aussie’ en hacerlo desde Evonne Goolagong, su ídolo y gran mentora, en 1976
– cierra 2019 con 15 victorias sobre rivales en el ‘top 10’, récord del circuito
– otro récord: haber ganado 4 de las 6 finales disputadas (perdió las de Sydney y Pekín)
– y un récord igualado: ganar 55 de sus 67 partidos jugados
– tenista total: ha logrado sus títulos sobre tierra batida, hierba, superficie dura y en ‘indoor’

Barty es una estrella que toca de pies en el suelo y que huye del glamour. Valga este ejemplo: para relajar su mente con vistas al partido cumbre de las WTA Finals, improvisó una sesión de criquet durante el entrenamiento, apostando por una actividad con la que disfruta y que practicó en serio, también con éxito, en 2015 y 2016, cuando decidió aparcar el tenis por una temporada.


O este otro: tampoco se quejó en Shenzhen de la superficie lenta y blanda en que se jugó, distanciándose así de otras compañeras que sí protestaron; tres de las 8 que comenzaron el torneo (Naomi Osaka, Bianca Andreescu y Belinda Bencic) se retiraron en el transcurso del mismo remitiendo a molestias físicas.

Y Ash dejó más que claro de qué pasta está hecha cuando fue preguntada por medios oficiales WTA si, con todo el dinero de por medio, había ido de ‘shopping’, seguramente pensando en moda, relojes o tecnología.

De 23 años, está hecha de una pasta especial: gana sobre cualquier superficie, quejarse no va con ella y no olvida el criquet.

La joven australiana respondió que, efectivamente, había hecho unas compras online… “para el refugio de la RSPCA (Real Sociedad de Prevención de la Crueldad contra los Animales)” de Brisbane, paralelamente volcada con la fauna salvaje en su hospital especializado.

“Sé que necesitan cosas para los perros y los gatos, que les hace falta de todo. Un poco para devolverles algo (por lo mucho que hacen) cuando estoy de vuelta en casa”, agregó una Barty comprometida con la causa y que asimismo donará gran parte del dinero ganado en Shenzhen al centro.

Embajadora de la RSPCA de Queensland y activa en campañas de adopción, la propia Ashleigh tiene dos perros, ‘Affie’ y ‘Chino’, que siguen sus encuentros por televisión cuando no puede llevárselos al WTA Tour.

FOTO: CAPTURA @ashbarty / rspcaqld.org.au

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí