Profunda reflexión de la gran gimnasta, la viva imagen de que la edad es solo un número.

Redacción thechampionsvoice.com

Almudena Cid acaba de cumplir 40 años, y nadie lo diría.

Única gimnasta rítmica en participar en 4 finales olímpicas y, aunque parezca un contrasentido, referente del deporte femenino más allá del deporte, la vitoriana es la viva imagen de que la edad solo es un número.

Retirada de la alta competición en 2008, casada con el presentador, actor y escritor Christian Gálvez desde 2010, actriz de éxito, afamada autora de cuentos infantiles y hasta una asignatura escolar, Almudena sigue inspirando a las jóvenes generaciones, haciendo gala de una flexibilidad envidiable.

‘Olympia’, su hija literaria, conecta con niñas y adolescentes. El último vestuario, su asociación sin ánimo de lucro, ayuda a los deportistas de élite que se jubilan a lidiar con la bofetada emocional, psicológica y económica que suelen recibir. Y si no hace tanto brillaba con mazas, cinta, aro, cuerda y pelota, ahora sus retos son solidarios,virales y empáticos.

Con motivo de su aniversario Almudena, cuarentona juvenil donde las haya, ha compartido una coreografía escritacon sus incondicionales, en la que habla de osteofitos, su voz, que tampoco se ha hecho mayor, y de sus piesque, por el contrario, ya tienen 60 años.

También revela que aún se come las uñas, y que tiene un ‘lenguaje secreto’ con Christian, y cuál es su fuente de juventud.

Habla de su voz de niña, de sus pies de abuela, de osteofitos y de su fuente de juventud.

Ésta es su reflexión en Instagram:

“¿Cuántos cumples?”.
– “40”.
– “¿Cuántos?”.
– “¡40!”.

 

“Siempre tenía la mirada puesta hacia fuera. Avanzar hacia un sueño, un objetivo. Añadir horas a los entrenamientos, a los ensayos. Añadir años de experiencia para sentirme más capaz, más competente. Siempre sumar, sumar, sumar…”.

“Así que una, de vez en cuando, se convierte en esa ingenua a la que le gustaría parar el tiempo un instante, ralentizarlo o, puestos a pedir, cambiar el sentido del paso de los segundos y minutos, y volver hacia atrás”.

“Resultó que un día, mientras el tiempo seguía su curso, me encontré sumergida en un viaje inesperado. No era una vuelta al pasado, ni una creación de mi futuro. Sin detenerse el tiempo sentí que empezaba a avanzar hacia a mí”.

“Así que si me preguntáis qué siento con cuarenta os diría que es estar más cerca de mí. ¡Y no veas el mundo que hay hacia esta dirección! Menuda ida de olla. Menudo Dragon Khan”.

“No sé si es más divertido o más loco, pero lo que sí sé es que es más real, más consciente.
Como (yo) lo soy de todo eso que no cambia con los años”.

“Con cuarenta sigo teniendo una voz que hace que no me tomen en serio, sigo sin ser madre, me sigo mordiendo las uñas y sigo necesitando el beso de buenas noches de mis padres… el peaje de elegir la gimnasia como profesión”.

Desvela que tiene un idioma inventado con su marido Christian y que aún se come las uñas.



“Sigo disfrutando de un café a media mañana, sigo diciéndole a Christian que le quiero en un idioma inventado porque da igual cómo se lo diga, porque significa lo mismo, y sigo sintiendo cada mañana alivio al poner los pies en el suelo, ya no duelen”.

 

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– ¿Cuántos cumples? – 40 – ¿Cuántos? – ¡40! Siempre tenía la mirada puesta hacia fuera. Avanzar hacia un sueño, un objetivo. Añadir horas a los entrenamientos, a los ensayos. Añadir años de experiencia para sentirme más capaz, más competente. Siempre sumar, sumar, sumar… Así que una, de vez en cuando, se convierte en esa ingenua a la que le gustaría parar el tiempo un instante, ralentizarlo o, puestos a pedir, cambiar el sentido del paso de los segundos y minutos, y volver hacia atrás. Resultó que un día, mientras el tiempo seguía su curso, me encontré sumergida en un viaje inesperado. No era una vuelta al pasado, ni una creación de mi futuro. Sin detenerse el tiempo sentí que empezaba a avanzar hacia a mí. Así que si me preguntáis qué siento con cuarenta os diría que es estar más cerca de mí. ¡Y no veas el mundo que hay hacia esta dirección! Menuda ida de olla. Menudo dragón khan. No sé si es más divertido o más loco pero lo que sí sé es que es más real, más consciente. Como lo soy de todo eso que no cambia con los años: Con cuarenta sigo teniendo una voz que hace que no me tomen en serio, sigo sin ser madre, me sigo mordiendo las uñas y sigo necesitando el beso de buenas noches de mis padres… el peaje de elegir la gimnasia como profesión. Sigo disfrutando de un café a media mañana, sigo diciéndole a Christian que le quiero en un idioma inventado porque da igual cómo se lo diga, porque significa lo mismo, y sigo sintiendo cada mañana alivio al poner los pies en el suelo, ya no duelen. Precisamente cuando me dicen que no aparento mi edad, les digo que eso es porque no les enseño mi radiografía de los pies que suman veinte más. ¡No os fiéis de las apariencias! Así que, doy las gracias a mi dígito anterior por enseñarme que la aceptación, ya sea la de la edad o la de los demás hacia uno, no depende de agentes externos sino de sentirla uno mismo en el interior, con osteofitos o sin ellos. #40

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“Precisamente cuando me dicen que no aparento mi edad, les digo que eso es porque no les enseño mi radiografía de los pies que suman veinte más”.

“¡No os fiéis de las apariencias!”.

“Así que, doy las gracias a mi dígito anterior por enseñarme que la aceptación, ya sea la de la edad o la de los demás hacia uno, no depende de agentes externos sino de sentirla uno mismo en el interior, con osteofitos o sin ellos”.

Para saber más de los libros infantiles de Almudena, pinchar aquí.

FOTO: CAPTURAS @almudenacid