Cuando se cortó el pelo y vistió ropa ancha “preguntaron si me había vuelto homo o bisexual”.

Redacción thechampionsvoice.com

Aliona Bolsova
, de 22 años y número 102 en el actualmente congelado ranking WTA, ha reflexionado en sus redes sociales sobres el machismo al que, como lamenta, están expuestas las mujeres por su forma de vestir; sobre los prejuicios acerca de la orientación sexual en función de la ropa y el corte de pelo y sobre las etiquetas de ‘femenino’ y ‘masculino’, que tilda de “innecesarias e inútiles”

La tenista de origen moldavo y nacionalizada española en 2013 deplora que cuando en su día decidió llevar el pelo corto a lo ‘garçon’ y ropa holgada por mera comodidad eso dio pie a que de repente surgieran preguntas sobre su presunta homosexualidad o bisexualidad o “si mejor amiga de toda la vida era mi novia”.

“¿Qué mierda es ésta?”, exclama Aliona, que en 2019 alcanzó los octavos de Roland Garros y que asimismo recuerda que en cuanto volvió a dejarse crecer melena recibió piropos por parte “de los hombres”.

“Qué manía de clasificar”: cuando volvió a tener melena, recibió piropos “de los hombres”.

Ella destaca que sus gustos y cambios estéticos no guardan relación con querer estar o tener que estar guapa y se rebela contra los estereotipos y cánones de belleza.

ÉSTA ES SU REFLECIÓN EN TWITTER E INSTAGRAM:

Hace tiempo que quiero poner en orden ciertas experiencias que me han sucedido durante los últimos años. Me he dado cuenta de que todas las actitudes que tenemos naturalizadas son las que con más ímpetu tenemos que cuestionar. Y que ahí donde parece que no hay machismo lo hay.

Concretando un poco quiero explicar lo que viví con mi cambio de look. Parece mentira que una acción a primera vista tan banal me haya hecho cuestionarme ciertas cosas. La mayor cuestión fue la feminidad y la masculinidad. ¿Qué mierda es eso?”

Cuando me corté el pelo corto, ‘como un chico’, al mismo tiempo cambió mi estilo de vestir. Digamos que me cansé de llevar todas las prendas que se supone que son ‘femeninas’ y decidí escoger aquella ropa con la que me sintiera más cómoda sin importar que la pudiera comprar en la sección de hombre.

Este cambio fue gradual. De todas formas, cuando ya llevaba tiempo con el pelo corto, vistiendo ropa más ancha y que no marcara mis curvas, la gente de mi alrededor empezó a preguntar a mis amigos si me había vuelto bisexual u homosexual, que si mi mejor amiga de toda la vida era mi novia.

Me reía.

Independientemente de si mis preferencias sexuales hubieran cambiado o no, me di cuenta de cómo enmarcamos y clasificamos ciertas actitudes y formas de vestir y de vivir con etiquetas preestablecidas.

“¿Qué me importa estar guapa? Puedo vestir como un chico y no ser menos mujer por ello”.

Porque en este sistema si tu look es el que tradicionalmente va ligado a la feminidad entonces eres heterosexual.

Pero si decides llevar prendas anchas, cómodas, ‘masculinas’ entonces perteneces a otra categoría. Qué manía de clasificar.

La otra cosa que me pasó fue que recién me volvió a crecer el pelo. Ahora me encuentro con hombres que me dicen “ahora estás más guapa”, “te queda mucho mejor”.

Pero ¿y a mí que me importa que esté más guapa? Es que todo, absolutamente todo, lo que hacemos las mujeres tiene que estar predestinado a ser más bellas.

Así como los hombres se pueden cortar el pelo por comodidad y no le importa si van a estar horribles con el pelo rapado, en las chicas eso resulta inaceptable.

Nuestro fin es alcanzar la máxima belleza. De hecho, muchas mujeres me decían “qué valiente, yo no me atrevería”. Y claro, esto traducido significa “no me atrevería porque igual queda fatal”.

La tenista ve injustas las etiquetas y que las mujeres estén predestinadas a perseguir la belleza.

Existe miedo a vernos feas. Vergüenza.

Cuando me corté el pelo y cambié mi forma de vestir no lo hice con ademán de ‘estar más guapa’, lo hice por probar, por cambiar, experimentar. Por salirme del prototipo preestablecido de feminidad. Por ver qué pasa. Por mutar.

No es justo que las mujeres siempre tengamos que estar aceptables de cara al público. Que siempre tengamos que gustar a los demás.

Yo puedo vestir ‘como un chico’ y no por eso soy menos mujer.

Un hombre puede vestir ‘como una chica’ y no por eso ser menos hombre. Este sistema binario tan radicalmente dividido no es nada justo.

Además, personalmente creo que los conceptos de ‘feminidad’ y ‘masculinidad’ se mezclan en la época en que vivimos, las barreras se vuelven más borrosas, se difuminan. Las etiquetas se vuelven innecesarias e inútiles”.

FOTO: CAPTURAS @alibolsova